3.DEBATE

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El Facticio no vio el debate entre los cuatro candidatos a gobernar este país por decisión propia. Prefirió quedarse viendo el fútbol en otra cadena mientras una intensa congoja le aprisionaba la memoria, el entendimiento y la voluntad. O sea, el alma. Es difícil caer más bajo para hablar de las cosas más importantes de nuestra vida. Pero entre esos cuatro señores lo han conseguido. Han sido capaces de transformar el debate público en una pocilga para criar cerdos. El Facticio siempre ha pensado que el mejor gobernante es aquel que más se parece a un buen árbitro de fútbol. O sea, que es mejor gobernante quien más desapercibido pase. El Facticio, pese a la desconfianza en el ser humano que le ha grabado en las carnes su profesión de psiquiatra, siempre ha preferido al Individuo frente al Estado. Un poco borgianamente, es cierto, pero poco. Porque El Facticio siempre ha pensado que un buen arbitraje es importante. Pero le gustaría no sentir al político y que éste fuese tan silencioso y respetuoso con el ruido como un ventilador japonés. Porque El Facticio tiene en la mayor estima esos libros de los que no recuerda el estilo del autor, ni la sintaxis de las frases, ni si hay muchos puntos y comas o ninguno. Porque al Facticio le encantan las películas en las que no tiene tiempo de fijarse en los planos secuencia ni de alabar la precisión con que el director eligió el tiro de cámara en tal o cual escena. El Facticio necesita que corra el aire. Aire nuevo, aire fresco. Aire...